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domingo, 8 de febrero de 2015

Consideraciones sobre la modulación en el aula de música.


Cualquier persona interrogada al respecto afirma su amor por la música – conozco excepciones-, y la justificación común es pantanosa pero certera: nos emociona. No siempre de forma emotiva, pero sí sensitiva en incluso tribal. La concepción emotiva de la música tiene mucho de fisiológico, pero también de cultural. Hoy por hoy, lo que subyace culturalmente a la música es un sistema tonal de organización que predomina socialmente sobre otros sistemas existentes. 
 
A riesgo de aceptar una idea reduccionista o sesgada, entiendo la modulación desde la simpleza que proponía el compositor Aaron Copland (1939:63) al afirmar que “la modulación tiene lugar cuando nos trasladamos de una tonalidad a otra. Así podemos modular de la tonalidad de si mayor a la de do mayor y viceversa”.

Aunque la modulación no es patrimonio exclusivo de la tonalidad, es recurso inherente a la misma ya que trata de escapar de ella. Y es en ese escape de la tonalidad en el que el oído percibe un cambio de contexto, una sorpresa que altera el sistema nervioso produciendo una sensación, más o menos emotiva en función a múltiples aspectos dentro del predominio de una culturización occidental – conocimiento personal de la obra, nivel de atención, estado de ánimo, formación musical, etc. Sobre esta idea tonal de modulación se fundamenta la siguiente entrada. 

Concepto de modulación.

La modulación no es un concepto único de la música: se da en física, en electrónica e, incluso, en el lenguaje cotidiano para hablar de un proceso de variación. La modulación musical en un contexto tonal es un proceso, utilizado como recurso compositivo, que implica aspectos formales de una pieza musical. La modulación se en un texto armónico – el tonal- y, por tanto, requiere el uso de acordes. Percibir una modulación en una melodía sin armonizar puede ser ambiguo aunque posible, ya que el oído supone un conjunto de funciones derivadas de posibles alteraciones accidentales. Pero, ¿es concepto de modulación tan simple como proponía Copland? Sí. 
 
Cuando existe una tonalidad – una nota importante en torno a la que las notas restantes adquieren unas funciones- y se pasa a otra diferente – que tiene distinta nota importante y, en consecuencia, distintas notas restantes aunque, generalmente, igual tipo de funciones dentro de la nueva tonalidad- se ha producido una modulación. El Diccionario Harvard de música (RANDEL, 2006:666) define modulación “en la música tonal, [como] el proceso de pasar de una a otra tonalidad, o el resultado de este cambio.”

Modulación y Audition.

Explicar qué es una modulación es más difícil que sentir qué es una modulación. En la cultura actual, la modulación forma parte del lenguaje musical así como los conectores lingüísticos forman parte del idioma. Continuando con esta analogía, el pedagogo Edwin Gordon, cuya metodología parte de la educación musical infantil, fusiona las secuencias de aprendizaje de ambos idiomas en la sesión musical – si el bebé emite un sonido, el maestro responde con igual sonido y lo introduce mediante el canto en la actividad. 
 
La Learning Music Theory de Gordon da importancia a la alfabetización tonal por medio del canto de patrones melódicos tonales y patrones rítmicos combinados con el movimiento y el lenguaje. El proceso de adquisición del lenguaje musical es similar a la adquisición del lenguaje hablado y se da en tres pasos - aculturación, imitación y asimilación -que se dan en diferentes etapas hasta los seis años. Esto pudiera dejar fuera de la Educación Primaria los principios de esta metodología, hay que considerar la edad musical y no edad biológica. Además, el alumnado tiene información previa de su proceso de aculturación y, por desarrollarse de forma natural, atiende a los planteamientos de Gordon. 
 
Una de las ideas más interesantes de Gordon es la audiation. Sangiorgio (2001) define audiation como pensamiento musical, escucha interna u oído interno y continúa “la audiation es circular y pluridimensional, porque crea una serie de conexiones y referencias sintácticas dentro de la canción, así como entre la canción que se está escuchando y la realización de experiencias musicales.” Es en este conjunto de referencias sintácticas en las que se basan el reconocimiento y la memorización. Por tanto, la práctica continuada tonal es la que construye esta serie de referencias y es a través de ellas cómo el alumnado llega a percibir la modulación a lo largo de su evolución musical. 
 
Entre estas referencias sintácticas tonales, Gordon distingue tres principales: 1) la modalidad (en Gordon tonality), en que cada uno de los siete modos y el modo armónico menor; la tonalidad (en Gordon tonality), en que cada una de las funciones que las notas de una modalidad guardan con respecto a un centro de reposo; el tono absoluto (en Gordon keyality): la altura concreta de una nota que actúa como tónica. Es importante considerar estos aspectos en su contexto tonal ya que
La importancia de un sentido de la tonalidad para la comprensión global de la música es obvia. Sin un sentido de la tonalidad, no entenderíamos musicalmente una secuencia melódica o incluso una simple repetición. Por otra parte, una modulación y, en consecuencia, la forma en la música podría, en el mejor de los casos, ser entendida sólo teóricamente. (Gordon, 1976:29-30).

En consecuencia, una modulación es auditionada, esto es, pensada y entendida, en un contexto tonal con independencia de la modalidad o tónica que esté presente en este contexto:
Que los estudiantes estén concienciados de la keyality asociada con la tonalidad que se auditiona no contribuye necesariamente a su sentido de la tonalidad, porque la keyality tiene poco efecto, sobre la tonalidad. Cuando la keyality modula de C a G sin una modulación de la modalidad, por ejemplo, de mayor a menor armónica, es posible, por supuesto, que la keyality pueda tener un ligero efecto sobre el significado intrínseco dado a la música. Esta posibilidad puede aumentar si la keyality se usa para modular a la vez con una modulación de modalidad. Así, aunque la keyality es prácticamente irrelevante para el contexto de la música, la modalidad tiene un gran efecto en el significado intrínseco de la música. (Gordon: 1980:155).
Recurso artístico y pedagógico.
Existe una relación continua entre física y fisiología que nos permite otorgar significado a la modulación – un número de hercios varían (física), estimulando el nervio auditivo (fisiología)-, pero el significado existe gracias a que nuestro cerebro lo interpreta en un contexto cultural concreto. De tal modo, la modulación nos es expresiva en nuestra cultura ya que supone una sorpresa y cambio que actúa de forma física sobre nosotros. 
 
No se trata tanto de una idea de expresión romántica de la música, sino de la música expresando música: la modulación es parte del lenguaje de nuestra música y, en consecuencia, percibir las modulaciones expresadas por la música supone aproximarse a nuevos estadios de desarrollo y relación con el ambiente. En otras palabras, interpretar lo que expresa una modulación supone atender de forma globalizada al hecho musical, atendiendo así al desarrollo de las Competencias Clave.

Recurso artístico: culturización.

Se da por hecho que Beethoven marcó un antes y un después y, efectivamente, la música directamente posterior a dicho compositor sintetiza el uso de algunos recursos artísticos que componen en vocabulario musical de referencia en la actualidad, a saber: variación-repetición, contraste, imitación de la naturaleza, desarrollos motívicos sobre extensas cadenas de acordes modulantes, etc. El oyente cultivado, capta con atención estos recursos, les da significado y renueva su interés.

Pero estos recursos no son patrimonio de la música clásico-romántica, ya que los madrigales renacentistas también prestaban atención al contraste y la imitación de la naturaleza, y desde comienzos de la notación musical se cambiaba de modo -se modulaba- en una misma pieza de canto llano. Sin embargo, en la práctica perceptiva, nuestro concepto de modulación se explica desde la estética del Clasicismo como un recurso que permite acelerar, retrasar, suspender el desarrollo tonal de la pieza y, que en combinación con otros recursos – intensidad, agógica, etc.- dota de expresividad a la música. Esto supone que, además de las reacciones al ritmo o a la calidad del sonido, la tendencia al realizar una escucha musical profunda consista en prever los efectos sonoros, no sólo en el contexto clásico occidental – forma sonata, minueto y trío, etc.-, sino en músicas populares como el rock o el pop que crean su estructura significativa según las expectativas clásico-románticas. Parece que escuchar se diferenciase de oír en generar una serie de expectativas:
la música no sólo abre expectativas sobre lo que pueda suceder a continuación, sino que también nos lleva a establecer conexiones retrospectivas entre los eventos presentes y pasados, de forma que los primeros hacen que los segundos sean significativos; y el pasado musical influyen en el actual simplemente en la misma medida en que el presente abre expectativas para el futuro. (Green, 2009:105) 
 
La modulación es, por tanto, un recurso expresivo - un signo o material de uso expresivo- únicamente en un contexto de referentes artísticos culturales – material musical aprendido y arbitrario. Así, la experiencia expresiva en el momento de suceder una modulación dependerá de nuestro grado de consciencia de la modulación y de la evidencia de la misma según nuestra propia formación estética. 
 

Modulación y contraste: las audiciones en el aula.

No podemos, entonces, dar por supuesto que las experiencias musicales son las mismas para todo el alumnado ya que, un mismo signo musical, puede ofrecer una diferente experiencia. Por tanto, en el aula de música, conviene aplicar experiencias cercanas y comunes a todo el alumnado, para evitar un desfase entre experiencias individuales que parece sustentado por los currículos educativos y que mantiene vigente un currículo oculto que evidencia la desigualdad de oportunidades. Según Green (2009:115)
con la educación musical se pretende ampliar y evaluar las habilidades musicales de los alumnos, pero al mismo tiempo es posible que en ese proceso se produzcan otras cosas. Esta proposición se puede considerar a dos niveles, uno que refleja la experiencia del alumno individual, en toda la diversidad que esto implica; y el otro, referente a la producción y reproducción de grupos sociales a gran escala y los correspondientes patrones de ventaja y oportunidad, a los que el sistema educativo hace una activa aportación.

Partiendo de una desigualdad de condiciones – diferentes experiencias previas- programaremos de forma asequible a todo el alumnado, de forma que los contrastes entre tonalidades sean evidentes. No se trata de obviar modulaciones complejas, sino utilizar ejemplos contundentes de modulación directa que permitan percibir la intención expresiva de dicha modulación a todos los niveles y sin exigir a cambio una formación previa profunda. Será más contrastante una modulación que cambie de el tono de la pieza ((keyality en Gordon, de tónica Do a tónica Fa, por ejemplo) y la modalidad ( de mayor a dórico, de armónico menor a mixololidio, etc.), de forma directa que a través de una cadena de acordes. 
 
La industria musical se ha hecho eco de ello y ofrece un ejemplo claro y fácil de modulación expresiva: son numerosas las canciones pop-rock que repiten su último estribillo modulando a un tono a distancia de segunda menor – de Do mayor a Re bemol mayor- o, en menos ocasiones, a una tono a distancia de segunda mayor – de Do mayor a Re mayor-, generalmente sin demasiada preparación armónica y permitiendo el lucimiento del vocalista en lo que, a pie de calle, se llama “el subidón”. Conscientes de que esta modulación está en el contexto del alumnado, la incluiremos rápido en nuestra programación. 
 
Pero la sensación de modulación crece cuando, además de cambiar el tono que funciona como tónica, se cambia la modalidad, tal como sugiere Gordon (1980:155) porque además de cambiar el tono absoluto (Do a Re), cambia el contexto tonal o modalidad (mayor a menor armónico). Si este tipo de modulaciones no son tan usadas en la música de consumo – que también se usan-, es porque requiere una mayor elaboración al compositor y al intérprete y los resultados son relativamente similares. Sin embargo, son muchos los palos flamencos que la utilizan – modulando entre la modalidad frigia mayorizada (cadencia andaluza) y la modalidad mayor-, así como bandas de rock progresivo o cantautores, o en el sinfonismo en la música de cine. Ante semejante diversidad musical es obvio que incluiremos este tipo de modulación, potenciando también su uso en creaciones propias.

Recursos didácticos para trabajar en el aula.

La música se aprende participando activamente de las experiencias musicales. El orden lógico del desarrollo musical, según entiende Willems como paso de lo empírico a lo mental, sería 1) hacer, b) nombrar el fenómeno hecho, c) representarlo y d) codificarlo. Frente a la tradición centrada en en la lecto-escritura de principios de siglo XX, Hemsy de Gainza (2002:21) afirma que “la enseñanza actual de la música recae a menudo en el error contrario, al magnificar las primeras fases del aprendizaje, o sea, la práctica musical empírica, demorando innecesariamente el paso a las etapas siguientes del proceso, que consisten en nombrar, graficar, simbolizar, etc. lo actuado”. 
 
Como algo teórico, la modulación debe entenderse conceptualmente apoyada en la audición y, posteriormente, podremos aplicarla a la expresión consciente. Para el estudio teórico de la modulación – por simples que sean los ejemplos propuestos- esperaremos al tercer curso de primaria. Esto no implica que no usemos piezas con modulaciones antes: la percepción de la modulación está en el vocabulario cultural del alumnado y nos es útil como referencia a la hora de realizar actividades -sobre la forma, acompañamiento rítmico, reconocimiento auditivo, etc.-, pero considero que existen contenidos previos a la modulación que debe ser trabajados de forma reglada y que, al no existir una Educación Musical Infantil Pública, hemos de enfrentar con viveza desde el primer curso de Primaria. 
 
Para explicar la modulación – siempre acompañando teoría con práctica- se evitará la clásica predisposición “mayor” alegría “menor” tristeza, por dos motivos: 1) usaremos más de dos modalidades tal y como sugiere Gordon y 2) nos centraremos en aspectos perceptivos, no nominales, programáticos o armónicos. 
 
Así, más que tratar sobre la modulación como recurso – qué supondría divagar sobre la infinidad de contenidos que se trabajan en el aula de música-, en el siguiente texto se proponen algunos recursos para trabajar y aproximarse a la modulación en el aula.

El repertorio.

Sólo deberían existir dos tipos de repertorio en el aula de música: el escuchado y el interpretado. Y éstos deberían confluir continuamente. Cuando se interpreta se escucha, por lo cual, al menos en una dirección, es inevitable que así sea. Además de trabajar mostrar el contenido concreto que queremos trabajar, en este caso la modulación, las audiciones – recurso sobre el cual el cual basaremos cualquier explicación teórica, considerando por audición o bien una grabación, o bien una interpretación que hace el docente o el propio alumnado- deben cumplir dos requisitos: ser interesantes y adecuadas técnicamente:
Para una elección más eficaz de la música y las canciones que destinaremos a los niños, ya sea como materiales de audición o como objeto de aprendizaje, conviene considerar al mismo tiempo el grado de atracción que la música ejerce a nivel afectivo sobre el niño, así como el nivel de dificultad en los aspectos técnicos. (Hemsy de Gainza, 2002:49-50).

En este sentido, cualquier generalización es errónea. Podría parecer que las texturas de la música minimalista y su modulaciones lentas y progresivas, no son demasiado útiles para evidenciar una modulación. Tal vez se descarte la música tintinnabuli (Arvo Pärt) ya que se construye sobre una única triada, pero en el repertorio minimalista americano podemos encontrar algunos ejemplos de piezas que ondulan continuamente entre dos acordes durante largos periodos de tiempo, tonicalizando cada acorde (Steve Reich). 
 
Inevitablemente, la música pantonal – serialismo, espectralismo, etc.- no nos brinda ejemplos de modulaciones simples, más bien puedieran considerarse ejemplos prácticos de modulaciones continuas al no reposar en ninguno tono claro y por consiguiente, siguiendo la definición más común de tonalidad, pudiera decirse que no tienen modulación alguna. 
 
El repertorio clásico-romántico, por asentar las funciones tonales exploradas durante el barroco, está lleno de ejemplos de modulaciones. Sin ir más lejos, cada forma sonata – generalmente el primer movimiento de todas las sinfonías, sonatas y tocatas de la época- tiene una sección de desarrollo que forma parte constitutiva de su forma. Sin embargo, estas cadenas de acordes no parecen pedagógicas ya que no son directas. 
 
La música de mercado, por su parte, es poco criticable al respecto, como ya hemos dicho, dada la tendencia a incluir una modulación final en el estribillo. Además presenta melodías pegadizas, ritmos vivos y textos cercanos a la sociedad. Pero usar un sólo tipo de modulación – la citada segunda ascendente- es una solución muy pobre, por lo que habrá que buscar otros ejemplos.

En definitiva, el estilo de una pieza no va a ser requisito para su elección dentro del repertorio: será necesaria su adecuación a la sesión concreta. En este sentido, es la formación musical del profesorado la que le permite encontrar piezas de su agrado que además incluyan las siguientes formas de modulación: 1) modulaciones directas segunda ascendente – un semitono o un tono- repitiendo la melodía y, por tanto, la modalidad y las funciones tonales; 2) modulaciones directas de modalidad que modulen también su tono – pasar de Do mayor a Si menor armónico, etc.-; 3) modulaciones directas de modalidad, manteniendo el tono – pasar de Do mayor a Do menor armónico, etc. -; 4) modulaciones que usen un único acorde pivote; 5) modulaciones que usen cadenas de no más de tres acordes. Este tipo de modulaciones debieran ser las más escuchadas pero también las más interpretadas: a través de las preguntas exactas, el alumnado podrá pensar sobre qué está tocando o escuchando.

Juego y expresión corporal.

Ligar la percepción a la expresión corporal permite exteriorizarla de manera racional, aunque éste no es un objetivo sino un recurso. El juego tiene como objetivo el aprendizaje basado en la experiencia y en el ambiente. En este ambiente, la discriminación de la modulación exige una respuesta permanente por parte del alumnado lo que estimula la atención y la concentración. 
 
La atención, cuidando evitar el cansancio por insistencia, se estimula ante la diversidad en la percepción de diferentes estímulos, en el caso de la modulación, la aparición de una nueva tonalidad. Por su parte, la memoria implica percepción y conocimiento continuado de un estímulo escuchado. Es posible ligar atención y memoria a ejercicios psicomotrices en base a las tres fases en que ocurre una modulación – tonalidad inicial, preparación de la tonalidad consecuente, asentamiento en la tonalidad consecuente- mediante acompañamientos de percusión corporal diferenciados para cada una de las secciones.

 

Instrumental Orff.

El instrumental Orff está muy estudiado ya que se basa en permitir movimientos naturales generalmente en acompañamientos a la voz o la flauta. El instrumental está compuesto por instrumentos de láminas, parches y pequeña percusión combinados con la flauta dulce y, en ocasiones, con una rareza pedagógica: el contrabajo de dos cuerdas que permite realizar el acompañamiento generalmente con tónica y dominante (el llamado paracaídas).
 
La práctica instrumental en conjunto debe tener en cuenta Principios de la metodología Orff, independientemente de que usemos dichos instrumentos o no. Es decir, las características que presenta el instrumental Orff así como las estrategias y rutinas propuestas en su metodología nos son interesantes y exportables para la práctica musical.  


Sin embargo, al introducirlo para trabajar modulaciones hemos de tener en cuenta qué materiales están construidos sobre una única escala diatónica – por ejemplo, la flauta dulce-, o que, aunque permiten una diversidad de tonalidades siempre que se tengan las placas complementarias, no permiten demasiada modulación ya que habría que cambiar la placa en el transcurso de la interpretación. La única opción posible parece tonicalizar un acorde creado dentro de la escala diatónica y evitar aquellas alteraciones que les son propias a su tonalidad.

Los instrumentos de percusión de altura indeterminada permiten su uso sobre una audición asignando la entra de cada instrumento o grupo sobre las secciones de la pieza: mediante una respuesta sonora, el alumnado expresa la percepción auditiva de la modulación.
 
Una actividad interesante para introducir la modulación es variar el acompañamiento de una melodía que está siendo interpretada con flauta dulce sin que el alumnado sea consciente. Cuando el alumnado está atento, las disonancias provocan un corte en la clase. Analizando la interpretación, se llega a la conclusión que es el docente el que cambia el acompañamiento – de su guitarra o de su teclado- y, en consecuencia, el culpable de la disonancia. Pero se explica al alumnado que la partitura del docente le exige ese cambio. ¿Qué ha pasado? ¿Qué solución se puede hacer al respecto? 
 
Bibliografía.
COPLAND, A. (1939) Cómo escuchar la música. México: Breviarios. [Edición aumentada 2008]
LÓPEZ-IBOR, S. (1994) “El conjunto de instrumentos Orff”, en Aula de Innovación Educativa, Nº 24. [Versión Electrónica. Última consulta: 4 de diciembre de 2014]
GREEN, L. (2009) “Significado musical y reproducción social: defensa de la recuperación de la autonomía”. En Lines, K., D. (Comp). La educación musical para el nuevo milenio. (pp. 103-121). Madrid: Ediciones Morata.
GORDON, E. (1976). Tonal And Rhythm Patterns: An Objective Analysis. New York: State University of New York Perss.
GORDON,E. (1980) Learning Sequences in Music: A Contemporary Music Learning Theory. Chicago: G.I.A. Publications.
HEMSY DE GAINZA, V. (2002). Pedagogía musical: Dos décadas de pensamiento y acción educativa. Buenos Aires: Lumen.
RANDEL, D. (Ed.). (2006). Diccionario Harvard de música. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
RIU, N. (2000) El lenguaje musical. Propuestas didácticas para los tres ciclos de Primaria. Barcelona: Grupo Editorial Ceac, S.A.
SANGIORGO, A. (2001) Introduzione alla Music Learning Theory di E. Gordon. CDM onlus – Centro Didattico Musicale. Roma. [Consulta online: 17 de diciembre 2014]
ZORRILLO PALLACICINO, A. (2008). Juego musical y aprendizaje. Estimulación del desarrollo y la creatividad infantil. Sevilla: Editorial MAD S.L.



martes, 3 de febrero de 2015

Elementos y reconocimiento de una melodía aplicados al aula.



Elementos constitutivos de la melodía.
El alumnado entra en clase con una formación musical previa que, fundamentalmente, es melódica -canto materno, melodías en juegos, presencia música en los mass media- y, en menor medida, rítmica. Separar una melodía del ritmo o la armonía es difícil y ni siquiera tiene interés pedagógico. Ahora bien, frente a un problema concreto – por ejemplo de entonación o de interpretación instrumental- se pueden reducir una pieza a diferentes parámetros musicales – ritmo, melodía y armonía- y estos a diferentes elementos constitutivos que, una vez solventado el problema, sólo recobrarán sentido en la música completa, en conjunto.

La melodía supone un parámetro conocido por el alumnado, aprendido generalmente por imitación, que sirve como cimiento para actividades de carácter rítmico o armónico. Aunque trabajemos acompañamiento rítmico y armónico y melodía por separado – generalmente en un contexto de monodia acompañada- finalmente las diferentes actividades han de relacionarse. “De hecho, gran parte de las tareas musicales involucran la realización simultánea de dos o más de estas actividades”. (Giráldez, 2014:43)

Esto no excluye trabajar en elementos constitutivos de una melodía – intervalos, lineas melódicas y frases melódicas- ya sea de forma transversal junto a un contenido no estrictamente melódico o de forma específica para solventar algún problema o potenciar algún aspecto concreto. 
 

Intervalo.

Llamamos intervalo a la distancia que separa a dos puntos, en este caso, sonidos definidos. Tradicionalmente ordenamos los intervalos según su trayectoria – ascendentes, descendentes-, según su extensión en función a la octava – simples o compuestos-, según la distancia – conjunto o disjunto-, según su emisión – armónico o melódicos. 
 
Respecto a los intervalos disjuntos, diferenciamos disminuidos, menores, justos, mayores o aumentados, aunque en el ámbito de la Educación Primaria trabajaremos esencialmente con intervalos justos, menores y mayores. 
 

La interválica aparece en las primeras clases cuando se presenta la escala de do – generalmente representada gráficamente en una escalera que permite diferenciar entre ascendente y descendente. El aprendizaje de las notas musicales representadas en el pentagrama aparece tras trabajar la relación agudo-grave y de manera paulatina – generalmente comenzando por sol y mi aunque depende del contexto y el instrumento, por ejemplo, en mis clases de guitarra comienzo por re, sol y si, pues coinciden con determinadas cuerdas al aire y permiten trabajar sobre sol mayor en la primera sesión.
Esta predilección por el intervalo de tercera, generalmente descendente, “sol-mi”, se ha argumentado tradicionalmente alundiendo a su facilidad para cantarlo – se ha dicho que es un intervalo natural de la humanidad y que es lo primero que el bebé canta aludiendo así a una especie de cualidad innata para entender dicho intervalo. Edwing Gordon (1980:170), sin embargo nos recuerda que
incluso si se demostrara mayor facilidad al cantar este intervalo, es posible que sea el resultado de la influencia del canto ambiental en lugar de la genética. Sea como fuere, el discurso cantado espontáneo de los niños pequeños, además de la tercera menor descendente, incluye un semitono por encima del miembro inferior de la tercera menor. Ese sonido sugiere una tonalidad frigia y no mayor o menor armónica.(La traducción es mía).
 

Línea melódica

Llamamos línea melódica a las alturas resultantes de eliminar el ritmo en una melodía. Se crea en función a la introducción de notas, que debe ser paulatina. Riu (2000:124) propone el siguiente orden: sol, mi, la, re, do3, fa, si, do4, re4, mi4, fa4 y, continúa la autora afirmando que, “posiblemente para el primer ciclo de Educación Primaria deberían estar presentadas todas las notas de la escala mayor”. 
 
El alumnado suele aproximarse durante el primer ciclo a las líneas melódicas mediante representaciones gráficas no convencionales – crear una “carretera melódica” o representar corporalmente la sucesión de diferentes alturas. Visualmente, éstas asientan los principios de agudo y grave que después se representarán con alturas concretas en el pentagrama. 
 

Frase melódica.

Para hablar de melodía – y no de línea melódica- es necesaria la presencia de un ritmo melódico que asigne a cada una de las alturas una duración concreta. Es posible encontrar un pequeño motivo melódico – con un ritmo y unas alturas característicos pero no muy extenso- o una melodía amplia con carácter propio e indivisible y que finaliza cuando existe percepción de conclusión, pero a lo largo de la tradición Clásico-Romántica una gran cantidad de melodías se han creado a través de frases melódicas. Llamamos frase melódica al conjunto de motivos melódicos ordenados que constituyen una melodía más amplia, pudiendo ser ésta binaria, ternaria o cuaternaria.
El trabajo pedagógico relacionado con frases melódicas suele tener unas pautas establecidas como recordaba Riu (2000:125)
Al principio acostumbramos a estudiar melodía y ritmo por separado, pero es importante relacionar cada vez más de forma sistemática los dos aspectos. […] Cuando observamos que nuestros alumnos dominan estos términos por separado, podremos realizar ejercicios en los que deban trabajarlos conjuntamente.
En estudio por motivos melódicos tan bien produce resultados eficaces sin prescindir de una percepción significativa del conjunto si se presenta la frase melódica primero, se trabajan los motivos por separado después – de forma aditiva- hasta lograr la frase melódica completa al final.
Sin embargo, las melodías simples del pop-rock, de carácter silábico y basadas en una cuerda recitativa no necesitarán de este tratamiento analítico, sino que permiten la apreciación completa y, generalmente, su estructura puede ser mejor comprendida desde el análisis formal del texto. En última instancia, sólo dividiremos una frase melódica cuando para prevenir o solucionar un problema en clase, pero convendrá adecuar el repertorio al desarrollo cognitivo de cada grupo permitiendo una percepción global de las melodías utilizadas. 
 
Reconocimiento de la melodía.
La música como materia sonora impregna y, en este sentido, podemos entender la musicalización como la absorción en forma de respuesta a un estímulo sonoro y la proyección en forma de expresión sonora. Para Hemsy de Gainza (2002:141)

un proceso educativo-musical implica, por lo tanto, una multiplicidad de procesos de apropiación, expresión y aprendizaje, a partir de la práctica y la vivencia musical, integrando, por una parte, la absorción de nuevos materiales y experiencias, por otra, el desarrollo de las potencialidades musicales e integrales, innatas y adquiridas, del educando. El educador musical, al hacerse cargo de los procesos de desarrollo musical, calibrará la intensidad, la profundidad y la direccionalidad de estos mismos, según lo requieran los diferentes niveles de enseñanza.

El reconocimiento de estímulos melódicos requiere una serie de capacidades que permitan interiorirzar el ritmo, discriminar alturas, discriminar timbres,percibir diferentes dinámicas y planos texturales, entre otros. Estás capacidades se desarrollan mediante la práctica continuada y contribuyen diferentes aspectos del entrenamiento en la percepción auditiva y del desarrollo de la memoria.

Existen algunos aspectos individuales que repercuten en el reconocimiento de una melodía: el interés y la atención, la voluntad y la motivación y el conocimiento previo propician un reconocimiento cualitativo de una melodía al centrarse en elementos melódicos conocidos o concretos que han sido presentados de forma significativa e interesante. Pero también podemos establecer algunos requisitos cuantitativos a la hora de elegir una melodía que facilite el reconocimiento auditivo del alumnado de Educación Primaria, siendo preferibles aquellas melodías de velocidad moderada y con intervalos consonantes y disjuntos.

El cuerpo como referencia.

El alumnado, compuesto por niños de entre 6 y 12 años, aprende de forma evolutiva – quizá no sólo aditiva, sino expeditiva, pero sin duda de acuerdo a sus características psicológico-cognitivas-, Díaz (2014a:23-24) nos remite al Modelo de desarrollo musical en espiral de Swanwick y Tillman, que describe como el individuo desarrolla su conocimiento dentro de una estructura de cuatro dimensiones subdivididas en modos.

De los 0-4 años, se da una dimensión material o de domino, en la que el individuo se relaciona primero de modo sensorial – sin precisión temporal ni tonal, sino a través de la exploración irregular de timbres e intensidades-, y un posterior modo manipulativo – en el que las técnicas instrumentales son básicas para conocer y la organización del tiempo en un compás regular empieza a aflorar, estableciendo relaciones gráficas simples y prefiriendo los recursos conocidos.

Entre los 4-9 años, el aprendizaje se da en una dimensión expresiva basada en la imitación. Se comienza a trabajar la socialización mediante la práctica colectiva y, esencialmente, por medio de elementos rítmicos y melódicos. Esta etapa comienza con modo personal -expresividad anárquica en cambios de tempo y altura, aunque se usan frases melódicas elementales con consciencia-, continua con un modo vernáculo entre los 5/7-9 años – que propone la existencia de patrones melódicos y rítmicos, lo que permite trabajar con piezas breves y convencionales, así como la representación gráfica específica.

Entre los 10-15 años, tiene lugar la dimensión formal, en la que se acepta el lenguaje y su uso con mayor abstracción. Existe estabilidad tonal y, en un primer modo especulativo, permite una mayor experimentación estructural, uso de contrastes y modificación de patrones, que dará pie a un posterior modo idiomático. Finalmente, los autores hablan de una dimensión metacognitiva posterior a los 15 años y que queda fuera de la intervención educativa en Primaria que se centra en las edades correspondientes a las dimensiones expresiva y formal.

Sin embargo, las edades musicales del alumnado son diversas, como son diversos los ritmos e intereses de aprendizaje. Por ello, al realizar un ejercicio de reconocimiento melódico conviene partir del propio cuerpo como referencia ya que se corresponde con las necesidades y percepciones individuales. “Recomendaríamos, siempre que sea posible, un trabajo de la cualidad del sonido, «altura: grave y agudo» relacionado con la psicomotricidad y el movimiento antes de pasar a un plano más abstracto” (Riu, 2000:37)

El canto es la herramienta propia que mejor conecta melodía e individuo, pero existen otras prácticas sensomotrices que permite realizar una aproximación física a una melodía: mediante ejercicios de representación gráfica no convencional de alturas, por ejemplo, describiendo la línea melódica con movimientos corporales – modo personal, dimensión expresiva-; mediante acompañamientos de percusión corporal basados en el ritmo melódico – modo vernáculo, dimensión expresiva-; o mediante la variación y el contraste prácticos, es decir, la recomposición melódica por parte del alumnado– modo especulativo, dimensión formal.

El entorno como referencia.

Si planteamos la necesidad de un entorno de autoaprendizaje y crecimiento personal, como el que sugieren las Competencias Clave, “se requiere una educación que sepa partir de las propias habilidades e intereses de los niños y darles la oportunidad de ponerlos en juego a través de procesos tan activos y colaborativos como significantes” (Guerrero Ortíz, 2009:5-6). La música se da en un contexto que suele estar lleno de melodías y que forman parte de la cultura melódica del alumnado pues las han aprendido o bien por métodos informales o bien de forma inconsciente.

Murray Schafer, a este respecto, propone tres pasos que relacionan al propio alumno con su percepción y expresión en todos los ámbitos musicales – y por tanto también en el melódico- pero también del entorno no musical, proponiendo unos criterios de ecología sonora que brindan una cantidad de melodías inefable. Es el docente el que tiene que orientar estos pasos a la realidad melódica de cada grupo, por lo que aquí los presento de forma genérica – como se suelen leer al interesarse en las propuestas abiertas de Schafer- y con un pequeño ejemplo que no debe ser considerado como la única posibilidad de concreción melódica.
1) El limpiado de oídos y el descubrimiento del paisaje sonoro, supone un primer paso en el reconocimiento del entorno auditivo. Se trata de entender el sonido ambiental como una composición creada a partir de a) sonidos principales – naturales o artificiales- a veces no percibidos, b) señales sonoras que surgen de pronto al primer plano y c) marcas sonoras que pertenecen al primer plano. Si nos preguntamos por las melodías en la escuela podemos encontrar melodías principales naturales – los pájaros cantando en el patio o el viento y la lluvia golpeando en los cristales del aula- y artificiales – la banda sonora de un vídeo en la clase de ciencias naturales-; algunas señales sonoras melódicas podrían ser la sirena que avisa del fin del recreo o el efecto Doopler de un coche colándose por la ventana; marcas sonoras melódicas son aquellas melodías, por ejemplo, definitorias de la sesión de música. Se trata de una propuesta orientada a la percepción.

2) Posteriormente descubrimos el potencial creativo. Para esto, Schafer nos propone producir sonidos, sin importar los sistemas de notación sino el espíritu investigador. El papel del maestro cede protagonismo al alumnado para revalorizar su propia experiencia mediante ensayo-error. Es preciso encender la chispa de la creación en el tiempo presente, esto es, fomentar la ilusión de descubrir y/o crear la melodía y no presentarla escrita en una partitura o en un musicograma – lo que no implica no usar partituras o musicogramas, sino usarlos con diferente propósito. Supongamos algunas propuestas: un grupo de alumnos que tienen como proyecto ornamentar una melodía dada con sonidos cacofónicos;tras diversas sesiones no consecutivas trabajando con melodías creadas sobre un patrón armónico común se realizan improvisaciones melódicas vocales simples; entregamos una melodía en la que faltan notas – reduciendo la melodía original a diferentes niveles tal y como propone el análisis schenkeriano- y proponemos a la clase que creen melodías. Se trata de una propuesta orientada a la expresión.

3) En último lugar, es necesario entender la música como reunión de artes y no presentarla como un camino especialidad y fragmentado. Según Schafer (1984:28) “para el niño de cinco años, la vida es arte y la arte es vida”. Esto justifica la necesidad de atender a las Competencias Clave como herramienta para construir un aprendizaje significativo, lo que se desarrolla a través de programaciones globalizadas. En el ámbito melódico nos permite percibir o expresar melodías en contextos extramusicales: en una obra de teatro escolar como música incidental, el canto como regla mnemotécnica, en los diferentes proyectos de centro (Plan Escuela Espacio de Paz, Escuelas Deportivas, Plan Igualdad entre hombres y mujeres, etc.).

Bibliografía citada

DÍAZ, M. (2014a) “Enseñar música en el siglo XXI”, en Girádez, A. (Coord). Didáctica de la música en Primaria. (pp. 13-31). Madrid: Editorial Síntesis.
GIRALDEZ, A. (2014) “Enseñar y aprender en el aula de música”. En Giráldez, A. (Coord. Didáctica de la música en Primaria. (pp.39-76). Madrid: Editorial Síntesis. 

GORDON,E. (1980) Learning Sequences in Music: A Contemporary Music Learning Theory. Chicago: G.I.A. Publications.
 
HEMSY DE GAINZA, V. (2002) Pedagogía musical: Dos décadas de pensamiento y acción educativa. Buenos Aires: Lumen
RIU, N. (2000) El lenguaje musical. Propuestas didácticas para los tres ciclos de Primaria. Barcelona: Grupo Editorial Ceac, S.A.
SCHAFER, R. M. (1984). El rinoceronte en el aula. Buenos Aires: Ricordi.